Crónica de los sin voz. Lago Puelo

Relatos de un tiempo.

Este relato forma parte del libro Relatos de un tiempo. Una antología realizada por el Grupo del Mundial de Escritura «No puedo soportar la muerte de mi gato». Nuestro grupo avanzó a la ronda de finalistas y les quería compartir este texto que ha sido parte del Mundial de Escritura del año pasado (2025).

Agradecimientos

Gracias Lago Puelo por ser mi hogar y abrazar a mis hijos y a mi familia. Por regalarme tus paisajes, tus colores, tu gente y por envolverme día a día con amor. Agradezco a todos los que formamos parte de este equipo y de la hermosa Antología que hemos hecho.

Lago Puelo: Crónica de los sin voz.

Siento que Lago Puelo existe mucho antes de la creación del mundo, sólo esperaba ser nombrado y descubierto. Nadie sabe qué día, ni en qué año, ni bajo qué cielo nació este lugar: hoy mi hogar.

Me gusta creer que algún dios distraído dejó resbalar un cuenco de agua azul entre las montañas, dándole vida a los valles y en su derrame provocó la formación de todos los ríos y arroyos.

Como ocurre en los pueblos mínimos, los hechos se multiplican en cada habitante. Cada puelense esconde y sostiene un fragmento de la creación de este paraíso patagónico.

La historia más antigua sobre Lago Puelo es obra de Elal. Dicen que transformó una bandada de aves en el primer hombre y la primera mujer tehuelches de la tierra firme. Ellos se abrieron camino por Lago Puelo sin dejar sus nombres, sólo algunos rastros de sus manos hechos de dibujos dentro de las montañas. Habitaron e hicieron fuego, cazaron y compusieron canciones en thon: una lengua propia. 

Con el pasar de los siglos el fuego se volvería mala palabra para este paraíso y ser tehuelche también: sinónimo de gente brava para el mapuche.

La segunda historia se remonta a las épocas en donde únicamente existía el aire y Ngene. Un enojo liberó a los espíritus creando las montañas y los ríos. El primer hombre mapuche tampoco dejó su nombre, y de la primera mujer solo sabemos que provino de una estrella. Las canciones se cantaron en mapudungun. El diluvio fue la fuerza para la reconstrucción del mundo. Puel-có, es por definición agua del este, y de ahí proviene la palabra Puelo. 

Con el tiempo, mapuche se volvería una mala palabra: sinónimo de amerindio para los europeos.

La tercera de las verdades está en quienes creyeron que Lago Puelo era en realidad la Ciudad de los Césares. El primer europeo en pisar estas tierras sí dejó nombre y rango: Capitán Juan Fernández. También dejó una fecha: 1621. Lago Puelo, era sin lugar a dudas, todo lo prometido en su leyenda. Una ciudad llena de oro, sobre todo al caer las hojas en el otoño y llena de plata cuando se viste de blanco en el invierno. Puelo fue visto como la tierra protegida por una niebla mágica y entendida como una ciudad errante. Aunque en realidad sus habitantes no son inmortales, si son longevos y parecen haber estado aquí desde siempre.

Pregunten por Blanquita. Camina con parsimonia, como si fuera de otro tiempo. Lleva en cada brazo varias bolsas, a veces de tela y otras de plástico. Se parecen a las alas rotas de un ángel caído condenado a vivir en su propio viacrucis inventado, entre su casa, la iglesia, la plaza y la parada del colectivo.

Los niños le pasan por al lado cuando van a la escuela, los autos circulan por la ruta sin ver la banquina, la gente espera el colectivo y Blanquita, como un personaje sin letra dentro de una película, es parte del paisaje. Inexplicable, fuera de foco, al margen del encuadre, ella forma parte de cada postal de Puelo desde el principio de los días.

No obstante, existe una cuarta verdad. Cuando un tal Don Pedro Motoco Cárdenas proveniente de Chile, buscando pastura para sus animales, llegó en 1884 a una veranada y la llamó Valle Nuevo. Aunque de «nuevo» no tenía nada, excepto a los recién llegados, veintinueve rifleros, en su mayoría galeses, vinieron luego a Puelo en busca de valles fértiles. Para 1902 la soberanía de este retazo de paraíso se había convertido en parte de la Argentina.

Para bien o para mal, las instituciones y la burocracia, son las que marcan los hitos, ponen las fechas, asignan los nombres y las que escriben la historia. Todos los puelenses coincidimos en que el 2 de abril de 1928 el maestro Remigio Nogues le puso fecha y hora a la fundación de Lago Puelo, creando la primera comisión de fomento. Por acá fingimos que el pueblo ha sido creado hace noventa y ocho años, aunque sabemos que no.

Cada vez que un caminante encuentra el lago y se detiene asombrado frente al enorme espejo de agua.

Siempre que la niebla se corre para develarle las montañas a quienes vienen de la ciudad.

Cada vez que la lluvia cae sobre el valle recordándonos nuestra fragilidad y existencia.

Cada persona que llega, se queda, se arraiga, funda silenciosamente su propio Lago Puelo.

De esta manera, cada uno de los espíritus de los antiguos fundadores, rondan juntos por el Bosque de las Sombras, alrededor del Pitranto Gigante, entre los musgos y la humedad. Se dejan ver durante los inviernos, cuando el lago se cubre de bruma y el viento atraviesa los arrayanes. Están ahí, entre los claroscuros de los pinares, en las sombras que bordean la orilla buscando a quienes contarles sus secretos.

Finalmente, yo puse mi piedra fundamental un 26 de julio de 2007, con mi hijo en brazos, la boca abierta y la sonrisa a medio dibujar. Estábamos frente al Piltriquitrón, la montaña más imponente y majestuosa que había visto. Los álamos brotaban sobre el faldeo como manchones de pintura amarilla salpicando todo el lugar. El viento susurraba a través de los árboles y el reflejo del sol asomaba entre las nubes como las luces de una sala de teatro.

Ese día en menos de un suspiro se largó a llover y se cubrió todo el cielo de un pesado gris. Podía oír el húmedo respirar del agua golpeando sobre el camino de piedras de la entrada. En los ojos de mi hijo también llovía y supe que habíamos encontrado nuestro lugar en el mundo.

Aniversario 98 Lago Puelo
Felices 98 años

Nos abrazo

Carla

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