Mi Primera Comunión.

Introducción

Este relato proviene de una tarea propuesta por Alejandro Encinas para su Taller Documentales Evolutivos. Hacía mucho tiempo que no pensaba en mi comunión. El texto era algo diferente, pero les comparto esta versión más bloggera, con el perdón de la palabra.

Tengo muchas partes de mi vida registradas en imágenes: algunas en mi mente y otras en papel. También tengo recuerdos sonoros y algunos olores, incluso sabores que me transportan a un tiempo que ya pasó. Cuando era chica no había registro de la vida como ahora. Quizás hoy se viva sólo para el registro, y antes se registraba un fragmento de lo vivido y en la mente quedaba grabada la película completa. Creo que leer a Didi Huberman para el Taller de Caminatas Poéticas me está atravesando más de lo que creía. Pienso en la paradoja de la mirada, en esto de ver y ser visto. En la fulguración.

Abro el mueble dónde guardo mis diarios, mis fotos y los proyectos de escritura relacionados con la autobiografía. Mis viajes, el vínculo con mi familia, mi infancia, mi adolescencia, mi adultez, la maternidad, mi relación conmigo misma, mi cuerpo, me mente y mi alma. Todo eso ocupa dos estantes.

Quisiera detener el tiempo para poder registrar lo vivido, sin que el registro sea parte de la vida. Una enorme utopía u otra paradoja quizás. Saco del mueble (sin pensar mucho) la carpeta azul: 1976 a 1993. Aquí comienzo mi Camino del Héroe y ahí está mi Llamada: Tengo tarea para el Taller. (Ale Encinas y Joseph Campbell se presentan todo en uno).

Mi comunión

Me detengo en las fotos de mi comunión, pero no quiero hablar de Dios, y sigo de largo. Llego a las fotos de la Colonia de Vacaciones en 1986 y escribo un relato sobre el agua, que me sirve, de paso, como acopio para mi otro Taller (Escritura Autobiográfica).

Pasan dos días, y algo en mi interior no está conforme. No me gusta hacer trampa y parece que optimizar los recursos, tampoco. O sea, no da que lleve el mismo texto a todos los talleres. Vuelvo al álbum. Otra vez estoy yo o aquella que era yo, vestida de blanco, frente a la Virgen María en la Iglesia de Lourdes.

No quiero hablar de la Iglesia pero quizás quiera hablar de Dios, de la fé, del espíritu Quizás el documental «No other land» que vimos en clase me hizo reflexionar. Paso de hoja, en mi álbum de fotos, y entonces me encontré, en el comedor de mi casa de la infancia, del brazo de mi bisabuela (en su momento mi tía Ester) en el día de mi comunión.

Recuerdo

Recuerdo ese día, 27 de octubre de 1985, domingo. La noche anterior dormí con unos ruleros enormes para tener ondas en el peinado de la comunión. Tengo en mi cabeza un tocado blanco como si fuera un moño para regalo que me dio mi tía Anita. Ella también me hizo la túnica: blanca, nívea, inmaculada, pura, lista para comulgar por primera vez.

Recuerdo la ostia, insípida, pegada en mi paladar, recuerdo la confesión: Insulté a mi hermano, discutí con mi mamá, y un par de pecados menores. Recuerdo que Dios todo lo perdona con tres padrenuestros y tres Ave Marías (rezadas de corazón, con verdadero arrepentimiento). El cura que me entrega la ostia me da repulsión, su escaso pelo está sucio, su sotana me da miedo, su cuerpo se ve enorme ahí abajo. Le cuelga una bufanda verde, muy horrible, con flecos. Saco la lengua y con sus manos viejas y ásperas me apoya la ostia. Me parece todo muy asqueroso y pienso si tendría que volver a confesarme.

Arrodillada en el banco de la iglesia trago la ostia y espero, porque es muy pronto para levantarse, porque algo más debo haber hecho mal. El coro canta cordero de Dios que quita el pecado del mundo y justo ahí me levanto. También me sumo a cantar: Señor toma mi vida nueva.

¿Ya tengo una vida nueva? La foto va más allá de su apariencia. Hay algo en su aura, si tengo que volver a Didi Huberman. Está mi percepción, mi memoria, la historia y mi experiencia. La Carla de nueve años me mira, mi bisabuela igual. Ambas me sonríen. Si hay respuestas ahí las he perdido diría Adriana Lestido.

Luego con la devolución de Alejandro, sobre mi foto y su simbología quizás pueda ver algo más ahí, en lo simbólico de sus brazos cruzados. La muestra de poder y protección. Mi mano agarrada a la suya.

Vuelvo a la imagen, al comedor de casa, con mi bisabuela. Reviso la figura y el fondo. Reconozco el modular, reconozco cada libro, cada adorno, recuerdo el mantel de honguitos, la torta que me hizo Petty la panadera de la otra cuadra y en mi mente surgen las estampitas.

Las recuerdo tan nítidamente que las podría dibujar. Le escribo a mi mamá, que seguro tiene una y me la trae. En el reverso dice que es el día más feliz de mi vida. Tengo nueve años. El día más feliz de mi corta vida, (según yo, la de ahora) fue el día que me premiaron por un poema sobre la luna. Quizás el día que expuse mi primer cuadro en la casa de Isabela (la profe de dibujo). Me miro detenidamente, y si: estoy feliz. Sonrío del brazo de mi bisabuela que también sonríe.

Hay más fotos de ese día. En una estoy ya vestida de niña, con un vestidito rosado y con cara es de puro enojo, pero no elegí esa foto. Elegí la que estoy feliz.

Investigo

Busco la fecha en internet: 27 de octubre del 85. River le ganó a Boca y salió campeón. En la tele: Feliz Domingo para la Juventud. En la tapa del Diario Clarín, hablan de los Juicios a las Juntas Militares. Seguro leí la revista del domingo y traté de hacer el crucigrama con mi papá. Nací en el 76 y nueve años después están por meter preso a Videla (se cierra un ciclo dijo Alejandro Encinas: uno de 9 años)

Busco más información, y me encuentro con la película 1985, la de Darín. Paso el fin de semana viéndola, pensando. Anoche cuando invité a mi mamá a cenar y me trajo la estampita, concluimos que la tía Ester (quien en realidad era su abuela, es decir mi bisabuela, pero es harina de otro costal) era como la mamá del segundo fiscal: Una enamorada de los militares. Mi mamá me cuenta mi bisabuela albergó durante tres meses a un matrimonio militar que estaba en contra de Videla, pero que después desaparecieron. Me explica que en nuestra casa no se hablaba, ni se pensaba en los militares. Que tenía miedo de solo nombrarlos. Pienso en una burbuja y me veo dentro. Protegida o alejada de la realidad, aún no lo se.

Le escribo a mi papá y recuerda que no tenía auto en 1985, que vivía en San Martín, que vino a mi comunión en colectivo (seguro el 343) y que él sacó las fotos.  

Me miro vestida de blanco y me pienso. Iba a cuarto grado, tenía una maestra horrible que nos decía que nunca nos afeitemos el bigote, porque sufría cuando le crecía rápido (pienso en el bigote de Videla, trato de leer entrelíneas, pero nada). En cuarto grado me pasaron de cuaderno a carpeta, recuerdo haber ido a comprar a la librería el Manual Kapeluz del alumno bonaerense, pero no recuerdo que dijera nada de los militares. Recuerdo los separadores, y que escribía con una lapicera Parker de fuente y subrayaba muchas veces en forma de montaña invertida. Recuerdo estar en mi cama llorando porque no entendía las Invasiones Inglesas y a mi mamá tratando de explicarlas. Ese año empecé a viajar sola en colectivo, iba a clases de dibujo y de inglés.

Con la plata de comunión me compré mis primeras pinturitas: caja de 12 Faber Castell. Busco el precio en internet y me encuentro que en ese año salió el Plan Austral. Seguramente me dieron australes a cambio de mis estampitas de cuatro angelitos de blanco anunciando el día más feliz de mi vida.

Hago un silencio. Respiro y trato de imaginarme en aquellos zapatos blancos y entonces me invade una sensación, el 27 de octubre, realmente fue el día más feliz de mi vida, porque ese día estaba en paz, rodeada de todos, abuelos, tías, bisabuelas, padres y de mi hermano. Además estaba a punto de obtener una caja propia y nueva repleta de colores.

Mi primera comunión
Mi primera Comunión

No se a dónde me llevará este taller, pero puedo asegurarles que nunca había estado ahí.

Un abrazo.

Carla

Compartí

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Navegá por Etiquetas

Relacionados

Relatos a Pie

Andar en bicicleta

Un relato reflexivo que transcurre entre mi infancia y las primeras pedaleadas hasta mi última salida al Parque Nacional Lago

En Motorhome

Arranca o no arranca.

Cuantás cosas le pueden pasar al motor de un colectivo viejito ¿no? Una odisea resultó saber si nuestro motorhome arranca

Scroll al inicio